En defensa de los colores de Jorge Campos

Cuando veía volar a Jorge Campos desafiaba las convenciones sobre los colores en la cancha de futbol y fuera de ella

por Canek Zapata
|Mar 14 2018

La primera mitad de la década de los noventas influyó en generaciones de mexicanos. Tendríamos un año fundamental para la historia nacional: 1994, donde la aparición de un movimiento rebelde en la frontera con Guatemala, el asesinato de un candidato presidencial, Julio César Chávez perdería su primera pelea y después volvería a recuperar su título, México jugó en el mundial de 1994, en Estados Unidos, y en diciembre una crisis económica azotaría al país a tal grado que aún seguimos pagando los resultados de ese diciembre. Pero yo estaba pequeño y me emocionaba ver al equipo de fútbol donde jugaba mi jugador favorito. Ese equipo de México que no llevaba a uno de los mejores jugadores del mundo, como en 1986, pero esta vez, al menos, si estaba en el mundial, a diferencia de cuatro años antes, en Italia noventa. Ese equipo que llevaba al jugador que definió mis gustos estéticos, y a quien imitaba siempre que podía en los recreos. 

 

En las escuela siempre tuve que llevar uniforme. Pantalón azul oscuro, playera blanca, shorts rojos, playera blanca, sudadera azul oscuro. Odiaba llevar uniforme. Mis padres me compraban camisetas blancas con algún estampado divertido y yo llevaba esa camiseta volteada a la escuela, y a veces me regañaban por llevar estampados, pero como las traía al revés poco podían hacer, pedirme que me pusiera la sudadera, poco podían hacer. Más o menos así les pasaba a los porteros de futbol. Siempre culpables, siempre con la presión de ser el último responsable de la defensa. No es una profesión agradable, a veces ovacionados, odiados casi siempre, lo más común en un portero era el uniforme negro. Como si fueran los primero invitados en el la ceremonia de la derrota, los porteros solían no sólo estar prisioneros abajo de los tres palos de la portería sino también eran prisioneros de los colores. 

 

Como diría Gilberto Gil, quien mi madre ponía desde que tengo memoria, los porteros siempre están perfeccionando lo imperfecto, porque no hay nada perfecto en tener que recurrir a un portero para salvar un partido. El portero es un último recurso contra la derrota. Entonces, cuando veía volar a Jorge Campos, con esos amarillos, naranjas y morados, esas camisetas holgadas que desafiaban cualquier convención sobre los colores en la cancha de futbol y fuera de ella, me llenaba de emoción. Recuerdo la primera vez que fui a un estadio, mi padre me llevó con mi mejor amigo a ver a Campos. Llegamos tarde al estadio y nos perdimos de los tres goles del equipo local, lo que vi en el estadio fue la remontada de los visitantes y muchas camisetas de Jorge Campos. Recuerdo que logré convencer a mi padre que me comprar una de esas camisetas que se vendían en conjunto con los shorts, era de color morado. 

gif de Canek Zapata

Aún me sorprende, que si bien, las playeras de el Brody, como le dicen de cariño, son producto de una tecnología en la producción de camisetas, y sus colores responden a colores que son descubiertos en el siglo veinte, como lo son los colores de neon, los fosforescentes; los efectos sobre toda una generación—que ya estamos ahora bastante grandecitos—es profunda, no tenemos inconvenientes en usar colores llamativos en las playeras, buscamos los tenis más coloridos, y nos enojamos cada vez que vamos a comprar ropa y vemos que hay una clara distinción entre las posibilidades de colores en la ropa de hombres y en la de mujeres, relegándonos la prisión de azules oscuros, grises y negros. Víctimas de un mercado que aún cree que los porteros son la vanguardia en un funeral, y que la ropa masculina no puede llevar rosas, amarillos y naranjas porque eso le quita seriedad a la persona. Pero esperemos que eso cambie, y que las lecciones que Jorge Campos dio durante la década de los noventas lleguen a las compañías productoras de ropa y permitan a toda un gran sector del público usar colores.

 

Gif de Broken English para el número 10 de Pinche Chica Chic 

Canek Zapata

Ciudad de México, 1985. Artista textual por formación, post-internet en vida real. Una ☁ y archivo.gif.
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